Me ha parecido una novela de muy difícil lectura por el hecho de comenzar por el núcleo de la historia y por la existencia de varios narradores, uno de los cuales no sabes de quién se trata hasta casi el final del libro. Por otra parte, el hecho de recurrir a varios narradores me ha gustado porque confiere mayor objetividad a la realidad que describe y así el autor ha conseguido ofrecer un cuadro de la vida castrense de absoluta crudeza y realismo.
El libro es una auténtica obra de arte. La ciudad (la realidad) y los perros (un colegio militar), dos niveles con los mismos esquemas, los mismos valores y los mismos tipos de discriminación: sexual, local, económica, cultural…
Aunque, desde mi punto de vista, Vargas Llosa peca de pedante y elitista, le agradezco la reivindicación que hace del individualismo y su lucha por defender la diferencia en una sociedad en que las ideologías políticas, religiosas y de cualquier tipo aborregan a las personas y las deshumanizan.
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